26. Estúpida
Zaira
Sentía que nunca íbamos a llegar al supuesto rancho. Me dolía la espalda de estar tanto tiempo sentada. Leonardo seguía hablando por teléfono, ni siquiera volteaba a verme; aún estaba molesto. Y si él supiera que yo estaba peor que él… Tampoco le iba a rogar a un estúpido que a veces parecía un ogro andante con cara bonita. Ese era Leonardo Valverde. Un magnate imbécil que no siempre sabía entender.
—Marcos, detente en el primer restaurante que veas. Vamos a almorzar ahí.
Escucho su voz a