ASTRID
Fingía dormir.
Mi cuerpo reposaba bajo las sábanas, inmóvil, mientras mi mente corría como una loba en plena cacería. Mi respiración era suave, constante, y mantenía los ojos cerrados como si el sueño me hubiera reclamado por completo. Pero por dentro, estaba más despierta que nunca.
Escuché el crujido leve de la puerta al abrirse. Magnus. Reconocería sus pasos en cualquier lugar del mundo. Ese andar seguro, tranquilo, dueño de todo. Escuché el tintineo del vaso, el suave sonido del líqu