ASTRID
—Es el momento. —indicó Ronan.
Estábamos reunidos en la oscuridad, ocultos entre las rocas de la antigua gruta del oeste. No éramos muchos. Solo los más cercanos a Ronan. Los únicos en quienes él confiaba plenamente después de la amenaza de los ancianos.
No podía culparlo por su cautela; una guerra interna sería el final.
Rambo estaba a su lado acompañado de Camila, su esposa, junto a ellos, dos betas leales —Nero y Jace— aguardaban instrucciones, con los cuerpos tensos y listos para