MAGNUS
El silencio de mi oficina era espeso, casi sólido. Solo el crujido del papel entre mis dedos me mantenía anclado al presente.
—Buen trabajo —le dije al beta que acababa de dejar el informe sobre la mesa. Lo hojeé sin levantar la mirada—. Puedes irte, está todo en orden.
—Gracias, Alfa —dijo con una leve inclinación antes de salir. La puerta se cerró con un clic seco.
Me quedé ahí, solo. El crepitar bajo el vaso de whisky, los últimos hielos derritiéndose, marcaban un ritmo lento y quebra