ASTRID
El sol se filtraba entre las copas de los árboles, proyectando sombras danzantes sobre la hierba húmeda. El aroma de la tierra y las hojas me envolvía mientras me movía en el jardín, lanzando golpes precisos contra Elliot. Mi pierna aún dolía, pero era soportable. No podía permitirme descansar, no cuando tenía tantas cosas en mi mente.
Elliot detuvo el entrenamiento antes de que yo lo hiciera.
—No estás concentrada —dijo, cruzándose de brazos—. ¿Quieres decirme qué te pasa o tengo que ad