EUNICE
El viento me cortaba el rostro mientras corría a toda velocidad junto a Leif, ambos en forma de lobo. Cada zancada era una punzada de desesperación, cada latido un grito que resonaba en mi pecho. No podía pensar. No quería pensar. Solo quería correr. Correr hasta que todo dejara de doler. Hasta ver con mis propios ojos que Anna y Hanna estaban bien. Que no habían cruzado. Que no habían cometido la locura que yo una vez cometí. Que todo esto era solo una confusión… una pesadilla.
Pero no