NARRADORA
Zeraphina se metió más entre sus brazos, lastimosa, y Aidan le acarició las orejas, escuchándola ronronear complacida.
A la leona le gustaba mucho que le tocara las orejitas, poco sabía Aidan que ella solo lo dejaba a él, ingenuamente, permitiéndole algo que las hembras exclusivamente le admitían a su macho.
De repente, Theo gruñó en una dirección.
— ¡¿Qué estás haciendo con la princesa?!
Se escuchó un rugido enojado cerca y Aidan levantó la cabeza para ver a un niño más grande que e