NARRADORA
— Ah, Luna, ¿me buscabas? Espera un segundo…
Clárens corrió al ver a Anastasia caminando hacia las ollas.
El caldo aún humeaba en el cuenco, así que agarró las especias que había picado y las esparció por encima del tazón, dándole un aspecto apetecible.
— Mmm, este caldo ha quedado para chuparse los dedos - le dijo tomando grandes sorbos del cuenco - Gracias, Clárens, tú, ¿por qué hueles tanto a un macho?
Ana se acercó y la olfateó.
— Yo… yo… encontré a mi mate— bajó la mirada av