El sonido del teléfono vibró en la mesa de Irina, interrumpiendo su concentración en sus ejercicios de calentamiento para comenzar su rutina diaria de todas las mañanas. Miró la pantalla, y vio el nombre de Christian parpadeando en la llamada entrante. Frunció el ceño antes de contestar, ya sabiendo que no traía buenas noticias.
—Irina, necesito verte —dijo Christian al otro lado de la línea en un tono de voz tan fría y calculadora como siempre. Ese tono no dejaba lugar a dudas, era una orden,