La noche en la mansión Drakos era pesada, cargada de una tensión palpable. El silencio que envolvía los pasillos era interrumpido solo por los ecos de los pasos apresurados de los miembros de la manada, que se preparaban para la reunión crucial. En el salón principal, Vladislav se encontraba solo frente a la mesa de reuniones con las manos apoyadas sobre la madera, el rostro imperturbable pero con una mirada que quemaba con furia interna. La traición, la incertidumbre y la amenaza de Christian