El eco de la puerta cerrándose resonaba en la mente de Adara mientras se quedó sentada detrás de su escritorio mirándola, incapaz de mover un solo músculo. La conversación con Vladislav había sido el detonante de una serie de pensamientos que jamás habría imaginado que la envolverían de esa forma. Su pecho estaba comprimido, cada respiración le dolía. Por primera vez en mucho tiempo, la confusión la superaba. ¿Qué debía hacer ahora?
La verdad es que nunca había tenido que tomar una decisión tan