A la mañana siguiente, la luz del sol se filtraba a través de las cortinas, iluminando la habitación con un resplandor cálido que, de alguna manera, se sentía extraño para Adara. La noche anterior había pasado por un torbellino de emociones: la presencia del elfo como una confirmación del destino de ella y Vladislav, la conversación con Vladislav, los roces de sus almas, la incertidumbre de lo que ambos estaban a punto de enfrentar, la negación de Vladislav de ver la importancia de ellos para e