En el departamento de Adara, ajenas al caos que había causado la explosión del auto de Christian, tenían una escena distinta al caos que era la mente de Christian ante la explosión de su auto y la presencia que sintió antes de salir de ahí. Ionela, con el cabello despeinado y una botella de vino en la mano, miraba a Adara como un águila molesta que vigila a su cría.
—Te lo digo, Adara, y no me canso de repetirlo: si yo no aparezco en ese momento, ese desgraciado de Christian te deja embarazada