Claudia despertó más temprano de lo habitual, miró su reloj, apenas eran la 5:00 de la mañana. Se levantó de la cama y fue a ver como estaba su hijo. Abrió la puerta con cautela. Santiago aún dormía. Sonrió al ver su rostro angelical y sus ojitos cerrados.
“Todo va a estar bien” se dijo a sí misma.
Debía tener fe y confiar en que todo estaría bien. Necesitaba creer en ello y convencerse de que algún día su hijo correría como los demás niños de su edad, libre y sin miedo.
Se sentó con sumo