Minutos después, ya estaban en casa. Claudia se sentó a revisar algunos pendientes mientras Santiago dormía. Necesitaba entretenerse y no pensar en Thiago. Él ya no estaba en su vida, y así debía seguir siendo. Aunque a ratos deseaba que, en algún momento, todo se arreglara entre ellos.
Sonó el timbre. Fue hasta la puerta, abrió y se sorprendió al ver a Germán acompañado de una mujer de unos cincuenta años, ojos claros y sonrisa afable.
—Sí, dígame, Germán.
—Ella es Gertrudiz, su nueva emplea