Claudia cruzó la puerta giratoria del edificio com uma caja apretada contra el pecho. Dentro llevaba los restos visibles de cinco años de vida: libros subrayados, fotografías de su hijo y algún objeto sin valor que, aun así, pesaba más de lo que parecía. Mantuvo el mentón em alto mientras avanzaba por el vestíbulo, como si la dignidad fuera lo único que aún no podían arrebatarle.
Al llegar a la acera, el automóvil ya la esperaba. Germán descendió de inmediato al verla y se acercó com paso firm