Aquella misma tarde, luego de la cena, Santiago comenzó a mostrarse decaído, su cuerpo pequeño resentía el peso de todo lo vivido en los últimos días. No era solo el cansancio; era algo más profundo, emocional. Constantemente buscaba el contacto de su madre como si sólo en su brazos se sintiera seguro.
El miedo regresó con la misma intensidad que la primera vez que Claudia lo vio vulnerable. Tomó el teléfono y llamó a Esteban, intentando mantener la calma mientras le explicaba lo que estaba o