Las primeras líneas de la investigación habían sido trazadas con una dirección clara y casi obsesiva por parte de la comisario Guzmán. Su intención era clara, hacer pagar a Paul Bellini por la muerte de su hermano.
Guzmán se había encargado, de colocar su nombre en el centro del tablero, de convertirlo en el punto de convergencia de todas las sospechas. Ante la opinión pública, era el culpable perfecto. Bellini tenía antecedentes penaies, y una relación clandestina con la ex esposa de la ví