—Anda atiéndela —insistió Claudia.
Paul negó levemente, sin mirarla del todo.
—No entiendes…
Ella soltó una risa breve, amarga.
—No, claro que no entiendo —replicó, bajándose del mesón con lentitud—. Explícame entonces.
Él se acercó un poco, intentando suavizar el tono.
—Todo lo que estoy haciendo… es para demostrar que soy inocente. Si me he acercado a ella, es por eso.
Claudia lo miró fijamente.
Y esta vez… no hubo silencios, sólo indignación.
—¿Incluso los besos?
Paul frunció el c