La propuesta frente a todos.
Habían bailado ocho piezas seguidas. Ocho.
La respiración de Azalea se entrecortaba, no por el cansancio físico, sino por la intensidad de la noche. Su mano aún temblaba en la de Roderick cuando él se inclinó con una sonrisa encantadora.
—Esperas aquí. Iré por algo de beber. Y prometo no demorar —le guiñó un ojo antes de desaparecer entre la multitud.
—Bien, ve.
Azalea se quedó junto a una columna revestida de hiedra y lirios blancos, intentando calmar su corazón. Pero no tuvo tiempo de rec