Mis ojos se abrieron poco a poco, como si el mundo a mi alrededor se resistiera a mostrarme la pesadilla en la que había caído. Sentí un dolor agudo en mi pierna, un dolor que se extendía como un fuego lento, quemando cada fibra de mi ser. No podía moverme. No podía escapar. Mi cuerpo era un peso muerto, arrastrado por el pasillo frío y húmedo. Sentí el roce áspero del suelo contra mi piel desnuda, y el aire helado que me golpeaba como si quisiera recordarme que esto era real, que no era un sue