Hoy había sido el funeral de mi madre. Mi padre estaba destrozado, y no podía culparlo. Él la amaba más que a nada en este mundo, y ahora esa parte de su alma había sido arrancada de cuajo. El resto de la familia tampoco podía ocultar su dolor. Los rostros de mis tíos, primos y amigos estaban marcados por la tristeza, pero ninguno de ellos llevaba la misma carga que yo. Gabriele, mi hermano, no me miraba directamente, pero cuando nuestros ojos se encontraron por un breve instante, pude ver algo