Giorgio se separó de mí con lentitud, como si le costara romper el contacto. Su mirada era intensa, oscura, y antes de que pudiera procesar lo que estaba pasando, tomó mi rostro entre sus manos y se inclinó hacia mí. Sus labios se encontraron con los míos, y una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo, encendiendo cada fibra de mi ser. Respondí a su beso con una necesidad voraz, como si todo mi mundo se concentrara en ese instante.
Sus labios se movieron con avidez, profundizando el beso, y