Esperé un par de minutos más por Abigail. Llegaba con un retraso de veinte minutos, y si algo me molestaba era la impuntualidad. Justo cuando estaba por levantarme y marcharme, ella apareció en el restaurante. Se veía distinta, como si algo le hubiese pasado.
Se acercó y se sentó frente a mí. Su sonrisa me distrajo por un instante, pero las marcas en su cuello captaron toda mi atención, como un grito desesperado que no podía ignorar.
Una llama ardió en mi interior. La furia creció, apretando mi