Capítulo 60: Huellas de la guerra.
En las sombras del salón, dos figuras permanecieron. Los demás ya se habían ido.
Fort se sentó en una de las últimas sillas. Sus ropas blancas parecían brillar con una pulcritud fría. Su cabellera larga estaba atada en una coleta; sus ojos grises observaban sin parpadear. El ex-jerarca no habló. Simplemente miró.
El Beta Walter se quedó de pie cerca de la mesa. Con su postura era recta y sus manos juntas, que mostraban tensión contenida. Sus ojos repasaban el salón vacío y volvieron a Fort.