El turno de noche en las cocinas comenzaba a las once.
Esperé hasta que los pasillos del Bloque C se vaciaran. Hasta que el último par de pasos se desvaneciera tras las puertas de los dormitorios. Hasta que el silencio fuera tan denso que pudiera escuchar mi propio pulso retumbando en mis oídos.
Entonces me deslicé fuera de mi habitación.
Las luces de emergencia proyectaban charcos de luz verdosa cada veinte metros. Entre ellos, la oscuridad era casi total. Perfecta para quien necesitaba movers