El canal de Dante llevaba tres horas en silencio.
No el silencio atenuado de la purga, que era una quietud trabajada, sostenida con esfuerzo. Este era diferente: el silencio de algo que ha dejado de moverse porque ha llegado a donde quería estar. Como agua que deja de correr no porque haya desaparecido sino porque ha encontrado el nivel.
Ariel se había detenido.
Dante lo dijo sin que nadie se lo preguntara, a media tarde, mientras el campamento procesaba los resultados del ejercicio y Sera revi