El refugio de Tierra del Fuego olía a fuego de leña, a ropa mojada puesta a secar, a comida caliente que alguien había preparado sin saber exactamente cuándo iban a llegar.
Nadia.
Siempre Nadia.
La anciana los esperaba en el umbral de la puerta principal cuando la lancha llegó a la orilla. No dijo nada mientras descargaban. Observó a Dante con los ojos del color del tiempo, esos ojos grises y fijos que veían cosas que los demás no sabían buscar. Lo vio incorporarse con ayuda de Lucía. Vio sus m