Las luces de Arcadia parpadearon una vez.
Dos veces.
Se apagaron.
La oscuridad fue completa durante exactamente tres segundos. Luego los sistemas de emergencia se activaron con una luz roja tenue que lo pintó todo del color de la sangre.
Ariel parpadeó.
Fue la primera vez en cuarenta y ocho horas que Lucía lo vio perder la calma de forma completamente involuntaria. Solo un instante. Un giro de cabeza hacia las luces, una fracción de segundo de cálculo visible en sus ojos dorados.
Después de ese