El viento cortaba como cuchillas cuando llegamos al punto de observación. Dante ya estaba ahí, junto a Sera y una docena de guerreros que reconocí del entrenamiento. Todos miraban hacia el horizonte donde una mancha oscura se recortaba contra el gris del océano antártico.
—¿Qué tenemos? —preguntó Nadia, sin aliento por la carrera.
—Barco pesquero, bandera chilena.
Dante no apartó la vista del catalejo.
—Pero algo está mal. Se mueve demasiado lento. Y no responde a nuestras señales de radio.
Me