Killian
El rugido de las explosiones me resulta casi reconfortante. Casi.
Porque en medio del caos, del olor a pólvora, de los gritos que desgarran la noche, hay una constante que martilla dentro de mí con más fuerza que cualquier bombardeo: su nombre. Ariana.
La guerra no da tregua. Y yo tampoco.
Pero incluso cuando empuño el arma, incluso cuando el barro se mezcla con la sangre y mis botas se hunden en esta tierra maldita, lo único que realmente siento es ese peso… el que me aplasta el pecho