Jamás me he puesto a contar la cantidad de sirvientes que hay en De Silvanus, pero creo que debería hacerlo para matar el rato, parece ser un buen ejercicio. Una fila de chicas vestidas con suaves uniformes color pastel entran al comedor en una muy coordinada fila, todas se ven iguales, sus peinados y estatura son iguales, además, todas traen una bandeja en la palma derecha. La primera de la fila hace una complicada reverencia y tiende la bandeja sin llegar a depositarla en la mesa.
—No estoy m