En cuanto estoy lo suficientemente lejos de comedor y la Reina, me detengo y suelto una amarga exhalación. Todo está cambiando demasiado rapido. Me he casado, y la princesa a la que serví por años... está desapareciendo vertiginosamente aprisa... Mejor dicho, está siendo desplazada cada vez más y más por mí. ¿Cómo puedo ocupar su lugar y no sentirme mal? ¿Cómo puedo saber sí está bien, cuando estoy suplantando parte de su vida?
En De Silvanus, Emma Creel vivía para el pueblo y para nadie más, n