Cristian intentó evitar que su amigo ingresara por completo a su oficina. Más, sin embargo; ya era muy tarde. Javier entró como alma que se la lleva el diablo para decirle a su amigo y a la vez asistente que pidiera un arreglo floral y que lo enviaran a casa, especialmente para su esposa.
Al ver a la mujer que estaba sentada en la silla de espera, se quedó paralizado, casi repitiéndose la misma escena de Cristian.
—No puede ser, ¡Cristian, qué significa esta maldita broma!— exclamó llevándose l