Las horas transcurrían lentamente, pero Dante no encontraba paz. A pesar de que el santuario del Lirio Azul irradiaba calma, con sus aguas cálidas y un silencio que rozaba lo sagrado, su interior era un caos.
No era solo la traición de Perry lo que le oprimía el pecho. No. Era algo más profundo, más oscuro. Una punzada lo inquietaba como un presagio… un presentimiento ineludible: algo terrible estaba ocurriendo en Marabí.
Su corazón se aceleró. Su respiración se hizo errática.
—Debo regresar...