El caos reinaba en las profundidades del océano.
Fragmentos de columnas de coral flotaban como esquirlas suspendidas en la corriente. Criaturas marinas huían despavoridas, y la grieta de magia negra palpitaba como un corazón desbocado, arrojando impulsos oscuros que desgarraban la paz del reino submarino. Archer, con el cuerpo cubierto de heridas abiertas, flotaba ante la grieta, su espada firme en sus manos.
Sus ojos estaban velados por un resplandor plateado, el poder de Varión aun ardiendo en