Archer también entró de inmediato, pues había sentido la misma mirada vigilante clavada en su espalda. No obstante, dentro de la mansión, sabían que estaban a salvo: aquella no era una simple construcción, sino una fortaleza encantada. Nadie que estuviera fuera podía poner un pie dentro de sus muros, no mientras Daki, la bestia marina que protegía el lugar siguiera viva. Su magia, ancestral y poderosa, era capaz de resguardar los cuatro pilares si llegaba a ser necesario.
—¿Archer, crees que nos