Capítulo 114. La última línea de defensa.
Elizaveta
A pesar de todo, el cuerpo de Irina se mantuvo cerca de mí de manera protectora, era cálido, un escudo humano para defenderme de los golpes de Taras. Al parecer, él no le pegaría a su hija legítima; en cambio, a mí no tenía reparos en destruirme.
—¡Apártate, Irina! —rugió, agarrándola del brazo y arrancándola de mí—. Sabes muy bien lo que hizo esta puta ¡Liberó a nuestros enemigos! Se merece esto y mucho más.
Irina, por primera vez, se enfrentó a su padre, con una postura firme.
—Y