Capítulo 81. El juego de las sumisas.
Trina
Sabía que no me había creído. Podía sentirlo. Como un cuchillo presionando contra la garganta sin terminar de hundirse. Dominic no era de los que se tragaban mentiras disfrazadas de inocencia. Menos aún cuando las pruebas le escupían la verdad en la cara.
Me duché en silencio, sintiendo el agua caliente golpearme la piel como si intentara borrarme la culpa. Pero la culpa no era por llamarla. Era por lo que vendría después.
Al salir del baño, encontré a una de las señoras del servicio para