Capítulo 115. La única salida.
Dominic Ivankov
Corremos hacia el almacén, nuestras botas hundiéndose en la nieve ensangrentada. El frío me quema los pulmones, pero no me detengo. No puedo. Cada segundo cuenta.
Al llegar, pateo la puerta oxidada. Se abre con un chirrido que me eriza la piel. El interior está oscuro, húmedo. Huele a moho y a secretos enterrados.
"Perfecto", pienso con amarga ironía.
Yuri asegura la entrada mientras Andru y yo revisamos el lugar. No hay nada. Solo cajas vacías y sombras que parecen moverse.
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