Capítulo 104. El Zar del infierno no negocia.
Dominic.
El mundo se redujo a un parpadeo de acero y dolor.
El segundo de Seamus vino como un toro, la escopeta humeando en sus manos. Disparó.
—¡Voy a decorar el campo con tus tripas, Ivankov! —rugió.
Pero yo me lancé al suelo justo a tiempo. Las balas silbaron sobre mi cabeza y destrozaron un barril de gasolina detrás de mí, que estalló en una lengua de fuego.
No me detuve. El infierno estaba desatado. Y yo era su amo.
Rodé por la tierra caliente, me impulsé con los pies y salté sobre el p