La oscuridad en las profundidades no era como la oscuridad normal.
Era más densa, más pesada, como si tuviera sustancia propia. Se presionaba contra la piel de Kael como manos frías buscando entrada, y el aire—si es que podía llamarse aire—sabía a cobre y algo más antiguo. Algo que no debería tener sabor porque los muertos no deberían poder saborear nada.
Kael mantuvo su espada desenvainada, la luz azul de su núcleo mágico el único resplandor en la negrura absoluta. A su lado, Draven se movía co