Cap. 81. ¿Quién pagó por Marina?
Narrador omnisciente:
El olor a desinfectante y medicamento rancio impregnaba cada rincón del hospital público, y a Marina le revolvía el estómago con cada bocanada de aire. Apretaba los labios, torciendo la boca con desdén mientras paseaba la mirada por los otros pacientes.
Desde el incidente con Leonardo, había tenido que soportar un lugar así, rodeada de camas improvisadas, cortinas manchadas y suspiros agónicos. No estaba allí por enfermedad propia, sino por un deber que aborrecía.
—Madre,