Cap. 76. Un canalla irresistible.
Continuación:
Maite arqueó una ceja, y asintió con una sonrisa contenida, aunque en su interior se moría por exigirle que dejara de jugar con su paciencia. Ella podía sentir que él le ocultaba cosas.
El conductor le abrió la puerta y Maite estuvo a punto de descender, pero Aris la retuvo de la muñeca y, con una firmeza posesiva, la atrajo hacia él para plantarle un beso en los labios.
—Duerme a los niños y espérame despierta —le ordenó en un murmullo grave.
Maite rodó los ojos con fingido