Cap.18. Confesión interrumpida.
Con el alma desgarrada, limpiaba con delicadeza los rasguños en el bracito de mi pequeño Gael.
Cada quejido suyo, cada mueca de dolor en su dulce rostro, era como un puñal ardiente que se clavaba en mi pecho, y mi rabia volvía a encenderse.
—Juro que no dejaré que nadie los lastime —murmuré con voz quebrada, conteniendo las lágrimas con una férrea voluntad. No podía permitirme llorar delante de ellos. Tenía que ser fuerte.
Gianna, con esa inocencia tan pura que me partía el alma, me miró con c