El hospital no era un lugar que te recibiera con suavidad, no había transición amable entre lo que eras como estudiante y lo que se esperaba de ti al cruzar esas puertas, era un cambio brusco, casi violento en términos mentales, porque todo lo que antes podías permitirte como error ahora tenía peso, tenía consecuencias.
Y desde el momento en que puse un pie dentro con el uniforme ajustado a mi cuerpo, sentí esa presión instalándose en el pecho, no como miedo, sino como una exigencia constante q