La casa estaba en silencio cuando entré, no ese silencio incómodo, sino uno pesado, de esos que solo aparecen cuando el día ya terminó y todo lo que queda es el eco de lo que no se dijo, de lo que se guardó, de lo que se intentó mantener bajo control durante horas.
Cerré la puerta con cuidado detrás de mí, apoyando la espalda contra la madera por un segundo, permitiéndome respirar antes de avanzar, porque el simple hecho de haber llegado ya era un esfuerzo mayor del que quería admitir. Mis man