Dos semanas después del nacimiento de Camila, Sebastián le preguntó si podía hablar con ella.
No era una petición inusual. Hablaban todo el tiempo: sobre Camila, sobre el proyecto del hotel que Valentina había retomado parcialmente, sobre Gloria que visitaba cada tercer día, sobre Rodrigo y Daniela que habían oficializado algo que nadie había necesitado que oficializaran porque era evidente para cualquiera con ojos.
Pero el tono con que lo dijo — «¿puedo hablar contigo?», con una formalidad que