El nombre de Aurelio Campos llegó a la vida de Valentina de la misma manera en que llegan los problemas bien vestidos: sin anunciar, con buenas credenciales y la apariencia de una oportunidad.
Era el director de desarrollo de un conglomerado de medios digitales que había crecido en los últimos tres años con una velocidad que los analistas describían como «agresiva» y que sus competidores describían con otros adjetivos. Cuarenta y un años, divorciado, con el tipo de seguridad que viene de haber