Cuatro meses.
Valentina tenía guardadas, en una carpeta del teléfono que había empezado sin proponérselo y que ahora tenía más de ochocientas fotos, la evidencia visual de que Camila Reyes Mondragón se había convertido en los últimos cuatro meses en una persona con opiniones propias, preferencias identificables y una capacidad de comunicación no verbal que su pediatra describía como «avanzada para su edad» con el tono ligeramente sorprendido de quien no esperaba que el dato fuera tan claro.
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